Viernes, 26 Diciembre 2014 00:00

Maite Uribe: Todo deseo de humanización es una historia de utopía y de esperanza

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ROMA, Italia.
Maite Uribe, directora de la Institución Teresiana, dedica la Carta del año 2015, al Estudio, y recuerda la poderosa influencia que éste ejerce en el desarrollo de la propia Institución y en toda realidad que pretenda hacer una lectura creyente de los “signos de los tiempos”.

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La Directora de la Institución Teresiana señala la importancia que san Pedro Poveda daba al estudio como manera de estar en el mundo y como alternativa a una falta de profundidad y discernimiento a la hora de actuar y asumir los desafíos de cada época. “Vamos caminando somos viajeros, y para conseguir el llegar pronto al termino de nuestro viaje debemos mirar siempre a donde vamos y lo que nos falta”, (Pedro Poveda, anterior a 1910).

Hablar del desarrollo de la Obra, significa asumir una mirada lúcida y estudiosa sobre los signos de los tiempos para discernir las respuestas adecuadas a la encarnación histórica del carisma povedano, dice Maite Uribe en la presentación de la Carta del Año, cuyo lema es: “Envíanos, Señor, tu Espíritu de Sabiduría para discernir nuevos caminos”.

El mensaje se sitúa en el marco de celebraciones por el V Centenario del nacimiento de Santa Teresa “y de ella queremos aprender a articular la pasión por Dios y la llamada a vivir un humanismo perfeccionado y divinizado, porque ´henchido de Dios´. Un humanismo templado en la solidez de una vida plenamente humana y toda de Dios, dice Maite Uribe.

El estudio, sumado a una honda experiencia de oración y a una valiente actuación contra las injusticias que agrandan escandalosamente las diferencias entre los más favorecidos y los menos favorecidos, son la fuerza y los medios imprescindibles en la Obra Teresiana. Tres claves que sustentan los temas de las “Cartas del Año” escritas por Maite Uribe a propuesta de la XVII Asamblea General de la Institución Teresiana de 2012.

En el mensaje actual se ahonda en buscar “la sabiduría del estudio”, con el horizonte povedano de “juntad a vuestra fe, ciencia”. “En la medida que nos formamos con la seriedad y la profundidad que los tiempos requieren, la fe puede madurar, fortalecerse y crecer para responder con sentido a los desafíos de cada momento histórico”, afirma Maite Uribe. Así, “la fe cristiana es una actitud digna de la persona humana, porque nos permite ver más allá de lo visible, esperar lo inesperable, amar lo que puede parecernos poco amable”. “Espíritu y ciencia”, forma sustancial de la Institución Teresiana.

En el segundo apartado de la Carta, “en el desarrollo de la Obra ejerce poderosa influencia el estudio”, la Directora de la Institución Teresiana, subraya tres dimensiones: “Vivir en tiempos desafiantes: ser luz y sal, minoría profética”; “Recrear una adhesión mística de la fe en un escenario religioso plural” y “Promover la cultura de la ética del ser”.

Sobre la primera dimensión, Maite Uribe reflexiona acerca de la “experiencia de ser minoría”. “Desde hace ya un cierto tiempo los cristianos vivimos en condición de minoría en muchas partes del mundo. Y como en toda experiencia de minoría el reto es llegar a profundizar en la propia identidad manteniendo el deseo de dialogar, de acoger, de dejarse interpelar por el otro, por el diferente, sin caer en actitudes de rechazo, de intolerancia, de encerramiento o simplemente de falta de confianza”.

Al abordar el tema de la mística de la fe en un escenario religioso plural, reconoce que “una de las aventuras espirituales más apasionantes de nuestro tiempo se juega en el encuentro entre judíos, cristianos, musulmanes, budistas, hindúes, increyentes…”. La cita con nuestro tiempo es comprender que “en toda vida humana, en las personas con las que  compartimos nuestro quehacer diario, podemos reconocer una búsqueda espiritual, una búsqueda de sentido, que en sociedades individualistas puede hacerse más difícil, porque el sentido no es algo que se dé por sí mismo, es algo que surge, en el intercambio de relaciones, de manera de pensar, de actuar, de tomar decisiones”.

La sabiduría del estudio, así entendido, nos acerca a comprender que “para que nazca la búsqueda de sentido es necesario que existan relaciones, afectos, experiencias humanas fundamentales relacionadas con la vida, la muerte, la enfermedad, la ausencia y la presencia del ser amado, la fidelidad y la ruptura, el deseo de felicidad, el miedo a la soledad, etc.”.

Finalmente, para promover la cultura de la ética del ser, es necesario ejercitar “la conciencia, como la expresión más profunda del ser humano. Desde la mirada de la fe, la conciencia es el lugar en el que se encuentran, se relacionan, se pone de manifiesto lo que hay en nosotros de humano y de divino”, actitud fundamental ante los retos éticos de nuestro tiempo.

La Carta concluye con un breve apartado dedicado a descubrir “la utopía de la esperanza”, en el cual Maite Uribe trasmite su experiencia como Directa de una Obra universal. “A través de mis visitas y participación en acontecimientos vinculados con la presencia de la Institución en los diferentes países, tengo la suerte de poder ir descubriendo lo que Josefa Segovia decía con palabras tan expresivas: ´el cuidado amoroso de Dios`y al mismo tiempo la urgencia de que `junto a la parte de Dios, hemos de poner también la nuestra`. Toda historia humana, todo deseo de humanización es una historia de utopía y de esperanza.  

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