YAOUNDÉ, Camerúm (Junio, 2009).- Después de 12 años
de trabajo con las “hijas de la calle”, el grupo ‘Rahab:
por la dignidad de la mujer’ tiene una casa alquilada en el
barrio d’Oyom Abang de Yaoundé y sigue adelante con su proyecto
de una cooperativa en la que las mujeres puedan ganarse la vida honestamente
e iniciar una nueva vida.
El día que se bendijo el local, el pasado 29 de abril, el sacerdote
les dijo que no se trataba de bendecir unos muros sino a las personas
que los habitarían. Les dijo también que una bendición
es una manera de auyentar el miedo.
Fue un día celebrativo, precedido de mucho trabajo para limpiar
el patio, preparar la acogida y soñar con las actividades que surgirían
en el local. Ocho días antes había llegado el certificado
de ocupación de la Prefectura con el permiso oficial que todos
pudieron ver. Se leyeron mensajes llegados de distintas partes del mundo
y se sirvió una comida. Después ha seguido la vida ordinaria
con estas mujeres que tratan de dejar la prostitución y de encontrar
un camino digno.
Rahab es el nombre de la prostituta de Jericó que ayudó
a los israelitas a tomar la ciudad, según narra la Biblia en el
libro de Josué.
Annie Josse, es profesora de Biblia y Lengua Francesa en el Instituto
Mukasa y coordina este proyecto que lleva con Jacky Pondi Y Priscile NGO
Hoya, también de la Institución Teresiana en Camerúm.
Dice que eligieron este nombre porque Rahab es una figura bíblica
que simboliza la acogida al extranjero. De hecho la acogida es una característica
que detectan las mismas mujeres al llegar al grupo.
”Estoy contenta porque siento que he encontrado una familia y que
aquí seré siempre acogida” comentó una de ellas
después del primer encuentro.
Los primeros contactos con las jóvenes fueron en la misma calle.
Fue en 1997. Las veían esperando a sus clientes, y se acercaron
a hablarles. Pero la calle no era el lugar adecuado. Ellas mismas pidieron
reunirse en otro lugar. A través de los encuentros Rahab permite
a las jóvenes “tejer lazos de amistad y sentir que cuentan
para alguien como personas, más allá de lo que hacen con
su vida”, señala Josse.
Para el equipo, es importante que las jóvenes establezcan lazos
personales que les permitan encontrarse a si mismas en la relación.
“Les ofrecemos una mirada de estima, lo que permitirá a la
joven dejar la calle, en su momento” dice Josse, convencida de que
“ninguna de las mujeres del grupo esta en la calle por elección
y todas se avergüenzan de su trabajo”. En su mayoría
han dejado la escuela demasiado pronto por quedar embarazadas. Sin formación
y sin trabajo para mantener a los hijos tienen que recurrir a la prostitución.
El equipo tiene acuerdos con un ambulatorio médico al que las mujeres
pueden acudir con un ‘vale’ firmado, que luego paga Rahab.
Si están enfermas con ‘sida’ le acompañan en
esta etapa hasta que mueren. En doce años ya han muerto once mujeres
del grupo, todas menos una a causa del sida.
La mayoría son católicas, incluso colaboran en el coro parroquial
y van a misa entre semana.
“Rezan mucho y piden a Dios que les ayude aunque no es una fe integrada
en la vida”, explica Josse. Cuando una joven decide dejar la calle,
hace un programa personal que presenta al equipo. En sus planes iniciales
intentaban pequeños negocios en la calle que duraban poco tiempo.
Por eso Rahab inició programas de formación profesional
según sus habilidades: peluquería, hotelería, costura
o cocina. No hay límite al número de participantes, en los
encuentros, pero sólo se pueden financiar tres o cuatro formaciones
profesionales cada curso.
Ahora, con el nuevo local, el sueño es una cooperativa que “les
ayude a independizarse y a trabajar de manera solidaria” dice Josse,
quien reconoce que el sueño de todas, es casarse, y si es con un
europeo mejor. Aunque esto signifique dejar aquí a los hijos e
irse ellas”. También quieren que sus hijos estudien, tengan
una vida mejor.
Rahab trabaja en contacto con el “Hogar de la Esperanza” de
la Diócesis, un proyecto que lleva un padre jesuita que coordina
todo lo que tiene que ver con la gente de la calle.
En estos años con estas mujeres Josse ha aprendido de ellas “lo
que es la dignidad en medio de la precariedad total, la solidaridad que
existe entre ellas cuando alguna tiene un problema. La creatividad para
intentar sobrevivir en condiciones pésimas”.
Dice que su trabajo en el grupo Rahab tiene que ver con el compromiso
con el Evangelio, los más pequeños privilegiados por Jesús,
y despreciados por la sociedad y tiene que ver con la misión de
la I.T.”
Pero además ella es profesora por lo que “vivo dos mundos
muy distintos, que no quiero que tengan una frontera cerrada. Con estas
mujeres se me ha hecho tangible que los publicanos y las prostitutas nos
precederán… El contacto con ese mundo era nuevo para mí,
y ha cambiado mi sentido de la realidad, y también mi oración.
Creo que se ha hecho más encarnada”.
Su sueño para las mujeres de Rahab es que puedan entender, desde
dentro, que valen como personas, que no son una mercancía. Que
se construyan como mujeres autónomas, felices, que se sientan valoradas
y queridas de verdad”.
El proyecto se mantiene con donativos de amigos en Europa, una subvención
anual de 'Solidarität und Kultur' en Munich, y otra de 'Caminos Solidarios'
en Móstoles (Madrid).
Josse dice que “aunque no tenemos mucho dinero, nunca nos ha faltado,
si bien a veces llegamos a finales de curso sin nada”.
Se puede contribuir a través de una cuenta en París, con estos
datos:
LA BANQUE POSTALE CENTRE FINACIER DE PARIS
TITULAR: Mme Annie JOSSE
CUENTA 20041 00001 2741093U02050
IBAN FR84 2004 1000 01 2741083U02050 PSSTFRPPPAR
INFO-IT
Con datos enviados por Annie Josse
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